El castillo de Mesones de Isuela


La villa de Mesones de Isuela pertenece a la provincia de Zaragoza y está situada en el valle del río Isuela. Su estructura se organiza en torno al castillo, con calles y cuestas que confluyen en él.

El castillo-palacio de Mesones de Isuela ,es uno de los más importantes de Aragón. Perteneció a la familia de los Luna, un linaje que dio hombres ilustres a la política y la Iglesia. En 1370 don Lope, último representante de la casa Luna, ordenó la construcción del castillo con el fin de defender las fronteras con Castilla.


Su estructura, totalmente rectangular y cerrada al exterior, tiene seis torreones y se conserva en muy buen estado. En su arquitectura predominan los estilos gótico y franco-gótico, a excepción de la capilla de Nuestra Señora de los Angeles, situada en la torre noreste, que es de estilo mudéjar. Esta pieza está considerada como uno de los monumentos más hermosos de Europa. El interior de la nave está cubierto por pequeñas tablas policromadas y figuras, en la techumbre, y la imagen de la Virgen data del siglo XV. Además de esta, existe un nave barroca que fue añadida posteriormente, en el siglo XVII.

En el patio de armas aún pueden verse algunas estancias subterráneas, comunicadas por pasadizos, que en su día fueron utilizadas como bodegas o caballerizas y actualmente se encuentran en buen estado.


Iglesia de la Asunción

Edificada en ladrillo y mampostería, la arquitectura de este templo que se ubica en el centro de la villa es de estilo mudéjar (siglo XVI). En su interior se conservan retablos de la misma época, a excepción del dedicado a Santa Lucia que data del siglo XVIII. La singularidad de su torre, edificada sobre una planta cuadrada y el cuerpo superior octogonal, le hace destacar sobre todo el conjunto.

El Fuerte de San Cristóbal


El Fuerte de San Cristóbal, también conocido con el nombre de el Fuerte de Alfonso XII es una impresionante fortaleza militar situada literalmente en el interior del monte Ezcaba. Fue levantada entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Se encuentra a escasos kilómetros de distancia de la ciudad de Pamplona, en Navarra (España).

Este increíble lugar, que parece enteramente el escenario de una película, fue construida en un principio como lugar desde el cual defender y controlar la ciudad. Sin embargo, el lugar nunca llegó a cumplir con esta función. En realidad se terminó convirtiendo en una prisión, la cual estuvo activa ente los años de 1943 y 1945. Hace aproximadamente diez años, la fortaleza fue abandonada definitivamente por el ejército, y ya en 2001 el Fuerte fue declarado “Bien de Interés Cultural”. Aunque en realidad hoy en día se encuentra en estado de abandono.

En un principio no está permitido el acceso al interior del Fuerte. No está abierto como cualquier otro monumento podría estarlo. Sin embargo, si te aceras a verlo te darás cuenta de que existen muchos huecos de fácil acceso por los que cualquiera que lo desee puede entrar. Si te atreves, podrás caminar por su interior e indagar y explorar de manera libre. Así podrás descubrir lugares como las habitaciones, el patio central, los depósitos de agua, la casa del general, los calabozos, la Iglesia o el horno, entre otras muchas cosas.

El Fuerte de San Cristóbal es una visita que no puedes perderte si pasas por Pamplona. Es un lugar que no os podrá defraudar, pues es un lugar único que además podrás descubrir por ti mismo, sin rutas, ni guías, ni planos para guiarte. Algo que lo hace si cabe más interesante.

El castillo de la Rápita


El pueblo de la Rápita está situado en el municipio de Vallfogona de Balaguer (Lérida), a cuyos orígenes árabes se debe el nombre de rabbita (especie de fortín militar). Además del castillo, en esta villa leridana se pueden visitar una iglesia consagrada a la Sagrada Familia y una ermita dedicada a Santa Margarita, protectora del pueblo.

A unos 200 metros del núcleo de población se alza el castillo de la Rápita, actualmente una magnífica mansión señorial muy bien conservada. Se cree que el lugar ya estuvo habitado durante la edad de bronce, según indican los vestigios hallados en las proximidades del castillo. De la época ibera datan algunos restos de cerámica localizados en los muros del castillo y en la ermita próxima a este, así como una torre de guardia de once metros de altura.

Los restos de una arco romano y el abundante material cerámico que se conserva, dan testimonio de la cultura romana presente, también, en la zona. Sin embargo, son los vestigios de la época árabe los que más proliferan, ya que el enclave fue convertido en lugar de reposo y oración, aprovechando la edificación de la torre ibera.


Las primeras noticias documentadas acerca del castillo datan de principios del siglo XII, cuando los barones de Urgel lo donaron al conde Ramón Berenguer III de Barcelona. En el documento de donación hay indicios de que en el lugar ya había una posición fortificada, en tiempo de dominación árabe. En el siglo XVI, el castillo pasó a ser propiedad de la ciudad de Balaguer, al ser vendido por sus propietarios.

Como huella de la antigua fortificación se conserva la torre izquierda de la fachada, de planta rectangular y muros ciclópeos. En torno a este núcleo angular se construyó la fortificación medieval, y junto a la torre primitiva se abre la puerta principal, rematada en arco de medio punto.

La ciudad medieval de Óbidos


Óbidos es una de las muchas ciudades medievales fortificadas que aún quedan por el mundo. Esta en concreto es una hermosa localidad portuguesa que se encuentra aproximadamente a 85 kilómetros al norte de la ciudad de Lisboa. Es el prototipo perfecto de lo que fue una ciudad medieval.

Su singularidad y belleza es lo que atrae a numerosos turistas cada año. Óbidos fue construida sobre una colina, y lo que sorprende a todos los que la visitan son sus increíbles murallas conservados en un perfectísimo estado si tenemos en cuenta todo el tiempo que ha pasado desde que fueron levantadas. Merece la pena pasear por sus empinadas y retorcidas calles, y disfrutar de sus hermosas casas.

En lo más alto de la colina se encuentra además su imponente castillo. El Castillo de Óbidos, nombre con el que se el conoce, es de orígenes romanos. En el siglo XX tuvo que ser restaurado como consecuencia de los destrozos que había sufrido en 1755 a causa de un terremoto que tuvo lugar en la zona. Ya en julio de 2007 el castillo fue declarado como una de las siete maravillas del país. Hoy en día el castillo alberga en un interior un hotel o pousada.

En el interior de sus murallas que aún rodean todo el pueblo, se pueden encontrar esa hermosas casas blancas, cuyas paredes están decoradas con azulejos azules, verdes y amarillos (típicos estos de esta zona de Portugal). Sus ventanas todas tienen flores frescas, lo que hace más bonito el paseo por el pueblo. Si decides visitar esta ciudad, elige el mes de julio. Podrás disfrutar de todo esto, y además disfrutar del magnífico mercado medieval que se celebra todos los años este mes, en el que se realizan recreaciones históricas y se venden productos típicos.

El nacimiento del Urederra


El nacimieno o nacedero (como se conoce coloquialmente) del Urederra se encuentra al sur de la Sierra de Urbasa. De las entrañas de la roca de esta sierra, a unos 600 metros de altitud se encuentra el manantial donde nace el río Urederra. Tras filtrarse, atravesar el macizo Kárstico y discurrir por los acuíferos subterráneos, sus aguas escapan de las rocas en forma de cascada.

Lo hermoso del lugar es la transparencia y el color celeste de sus aguas. Además existe un camino a lo largo de su ribera que te lleva hasta su nacimiento y desde el cual se puede disfrutar del juego de hermosos saltos que realiza el río entre cascadas y pozas -las cuales han sido formadas a través del proceso kárstico-. Parece un lugar sacado de un cuento de hadas.


Caminando unos cinco kilómetros por este camino durante aproximadamente una hora y media, en recto y con una pendiente suave, se llega al lugar en el que podremos disfrutar de este increíble río azul. El cual además se encuentra rodeado por un magnífico y amplio bosque de hayas y robles, con algunos arces, álamos, sauces, avellanos y fresnos, ente otras muchas especies.

Aunque cualquier época del año es buena para visitar el nacimiento del Urederra, esta variedad de árboles es la razón por la cual se recomienda visitar el lugar en otoño, puesto que en esa época es cuando los árboles cambiarán de color y ofrecerán una amplia variedad cromática. Un rincón espectacular como este, situado en Navarra al norte de Estella y teñido de un hermoso azul y verde, fue declarado hace unos años Reserva Natural.

El Valle de Goreme


En la región turca de Capadocia se encuentra el pueblo y el valle de Goreme. Un paisaje tan extraño que parece sacado de un cuento, pero es real. Aunque parezca que el lugar hubiese sido diseñado por un artista, el moldeado de sus mesetas son el resultado de la erosión natural que han sufrido durante miles de años. Es un lugar mágico envuelto por montañas con formas caprichosas.

El lugar ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Así el Parque Nacional de Goreme se ha convertido en un paisaje único en el mundo. Sus montañas redondeadas en las cuales se pueden apreciar las chimeneas de hadas(rocas de formas alargadas que han sido creadas por la erosión del agua y el viento), hacen que el lugar tenga un cierto parecido con los parajes lunares. En general la región posee un terreno volcánico muy erosionado en el que se crean esas curiosas formaciones.

Además, a lo largo de este valle se pueden encontrar numerosas construcciones que se excavaron en las rocas allá por los siglos III y IV. Infinidad de casa, templos y monasterios, conectados incluso por túneles, y en cuyo interior existen además diversos frescos cristianos de los siglos XI y XII, todos ellos de gran belleza.

Aparte del paisaje, lo increíble del lugar es por tanto la habilidad que tuvieron todos aquellos habitantes de la región para cavar y construir en el interior de estas montañas. Hay incluso algunas casas que directamente fueron construidas bajo tierra, con laberintos subterráneos protegidos ante el enemigo. Tanto en la ciudad de Kaymakli como en Derinkuyu, se pueden visitar este tipo de viviendas. Actualmente se pueden explorar tanto estas ciudades como todas las casa, cuevas, monumentos y templos del lugar.

La historia de Split


Con vistas al mar Adriático y respaldad por unas abruptas montañas, la ciudad de dálmata de Split se asemeja a un museo viviente. Todavía se mantiene en pie las antiguas construcciones romanas que le dan un interesante aspecto. Ahora, las boutiques de lujo y los agradables cafés se intercalan entre estas bonitas construcciones.

Split fue fundada cuando Diocleciano construyó su casa de retiro en la zona en el año 295. Nacido en la cercana Salona, este poderoso soldado llegó a gobernar el Imperio Romano durante dos décadas. Cuando el palacio fue construido por completo, renunció y se retiró a su natal Dalmacia, donde pasó sus últimos años. Posteriormente estuvo siglos dominada por Venecia (1420-1797). La huella que dejaron en ella fue impresionante: arquitectura gótica, renacentista y barroca salpican el centro histórico.

Con la caída de Venecia, Split pasó a ser parte del imperio Austro-Húngaro. Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la ciudad formaba parte de Yugoslavia, decidieron continuar con la expansión urbana. La ciudad ha conseguido convertirse en un centro turístico muy importante y en la puerta principal a Dalmacia, gracias a su aeropuerto internacional, los barcos diarios de Italia y los servicios locales de transporte hasta las islas cercanas.

Hoy en día, la mejora de sus accesos, un paseo marítimo renovado, una nueva zona hotelera y la renovación general de sus servicios generales fueron suficientes para que la UNESCO la nombrara Patrimonio de la Humanidad. Split se ha convertido en un destino croata de visita obligada. Para todos aquellos a los que le gusta navegar, comentaros que también es la mayor base de empresas de alquiler de barcos de vela.

El castillo-monasterio de Loarre


Situado a 27 kilómetros de Huesca, el castillo-monasterio de Loarre fue construido en una estribación de la sierra de Guara (siglo XI) sobre unos muros romanos. Los accesos al castillo se pueden hacer fácilmente, por carretera, desde las provincias que lo rodean. Próximo al castillo se encuentra el pueblo de Loarre que dispone de restaurantes, casas de turismo rural y zonas de acampada.

Su interés arqueológico es extraordinario porque conserva su antigua estructura románica (siglo XI) y ,en su interior, la iglesia más importante del románico europeo. La extensión de terreno que abarca es proporcional a las dimensiones de toda la fortaleza. El notable estado de conservación del conjunto, salvo los desperfectos propios del paso del tiempo, indican que nunca fue asediado ni sufrió daños bélicos. De ahí que el castillo de Loarre haya conservado su estructura original hasta nuestros días.

Sus dependencias militares se agrupan en varios pisos, a los que se accede a través de una escalera que asciende por debajo de la iglesia. Aunque se identifican con dificultad, existen galerías, cuadras, calabozos, caminos de ronda, e incluso, una salida de escape. Entre la muralla y el cuerpo del castillo se eleva una torre vigía. Al nordeste del conjunto se yergue la del homenaje y consta de tres pisos.


La parte correspondiente al monasterio es doble. La primera está formada por una sencilla capilla, edificada en la parte más elevada del montículo, consta de una nave y data del primer románico (mediados del siglo XI). La segunda está constituida por la iglesia, el edificio más sobresaliente de todo el conjunto, cuya construcción comenzó a finales del siglo XI y terminó un siglo después. Está compuesta de una sola nave, de bóveda de cañón y ábside.

El acceso al recinto se hace a través de una puerta, situada entre dos torreones semicirculares, en la muralla. A continuación y a través de un espacio descubierto, se llega a la torre del vigía. Seguidamente, tras salvar una pronunciada cuesta, se accede a la única puerta de entrada ornamentada con capiteles románicos, donde reza una sencilla inscripción.

En el interior del palacio real, paseando a través de arcos, pasadizos y torreones, se accede al balcón de la Reina, desde donde se pueden contemplar unas espectaculares vistas sobre la Hoya de Huesca.

Una escapada a Sicilia


Unas espectaculares vistas desde las terrazas de la localidad siciliana, una escapada azul con descanso en un hotel con su propio anfiteatro estilo romano que además dispone de un spa de grandes dimensiones y de unas vistas para encomendarte al horizonte del mar Mediterráneo y al volcán Etna.


La costa de Sicilia tiene un encanto especial. Se encuentra bañada por el sol, cerca de la preciosa bahía de Taormina encontramos el último tesoro de la cadena NH en Sicilia, el hotel Capo dei Greci de Sant Alessio, un lugar con impresionantes panorámicas entre las grutas de los acantilados y fabulosas vistas sobre el mar, que dispone de 200 habitaciones, suites y junior suites, con decoración moderna de estilo mediterráneo, que se contagia del exuberante entorno.


En el interior disfrutarás de todas las comodidades contemporáneas, todas las estancias incluyen minibar, televisor con canal satélite, caja fuerte y conexión wifi gratuita. Pero lo mejor de todo es un ascensor conduce directamente a la playa privada del hotel y a una plataforma excavada en la roca para tomar el sol con sosiego, desconectados del mundo. También es zona privilegiada para la práctica de deportes acuáticos como el buceo, el snorkell, la pesca y la vela, todos ellos accesibles directamente desde el hotel.

La Playa de las Catedrales


La Playa de Las Catedrales, en gallego As Catedrais, es el nombre turístico con el que se conoce a la Playa de las Aguas Santas. La apariencia que tienen sus acantilados es la responsable de que a este lugar se le conozca con ese nombre. Está situada en la costa gallega de Lugo, concretamente a unos diez kilómetros al oeste del municipio de Ribadeo, sobre el mar Cantábrico.

Declarada Monumento Natural por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Galicia, sus arcos y cuevas son lo que le hace diferente. Son apreciables a pie de playa, pero únicamente durante la bajamar. Cuando la marea está baja es el mejor momento para contemplar desde la arena la magnitud de sus acantilados y sus cuevas marinas. Unas cuevas de las que se puede apreciar las diversas formaciones que ha adquirido fundamentalmente por la acción erosiva del agua del mar y el oleaje.

Sin embargo, el encanto del lugar es tal que no deja de ser interesante ver la playa durante la marea alta. Con la pleamar la playa se hace pequeña, aunque sigue siendo adecuada para el baño. Es entonces cuando puede accederse a una largo arenal que se encuentra delimitado por una enrome pared de pizarra y esquisto. Una pared rocosa que se encuentra erosionada de una manera única. Los arcos de más de treinta metros de altura que se han formado son los que recuerdan a los arbotantes de las catedrales. De ahí el nombre de la Playa de las Catedrales.

Pero eso no es lo único. Enormes pasillos de arena entre las rocas y grutas de decenas de metros, completan la majestuosidad del lugar. Es interesante además recorrer en dirección Oeste-Este la parte superior de sus acantilados. Una playa sin duda diferente y por ello hermosa.